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1 de Septiembre de 1997. El mundo se despierta con la trágica noticia de que la Princesa Diana, ex-mujer del heredero al trono británico, además de la mujer más famosa en ese momento, ha muerto en un accidente de coche. Al día siguiente, las puertas del Palacio de Buckingham aparecen llenas de flores como tributo a la joven princesa.
Pero Buckingham está vacio. La familia real, aposentada en el Castillo de Balmoral, permanece estoica en su respuesta a la tragedia. El suyo es un mundo de tradición, dónde el protocolo es lo más importante y las muestras públicas de emociones no están bien vistas. Pero para Tony Blair el evento marcará su consagración como figura política internacional. El joven primer ministro siente como algo está cambiando entre la opinión pública británica. La famosa reserva británica y su carácter flemático parecen estarse derritiendo. En su lugar hay un desbordamiento de emociones por la pérdida de la princesa, de una magnitud nunca antes vista en Gran Bretaña. Es como si toda la nación hubiera perdido una hermana, una madre o una hija. Ella era, como Blair la llamó en la conferencia de prensa televisada que se hizo el día que se anunció su muerte, "la princesa del pueblo".
Sin embargo cuando más alta es la popularidad de Blair, los titulares de la prensa se hacen más duros criticando a la Reina por su comportamiento. Es demasiado para Blair, un hombre que no puede seguir reprimiendo simpatías monárquicas.
HELEN MIRREN (La Reina Isabel II) - MICHAEL SHEEN (Tony Blair) - JAMES CROMWELL (El Príncipe Felipe) - SYLVIA SYMS (La Reina Madre) - ALEX JENNINGS (El Principe Carlos) - HELEN McGRORY (Cherie Blair) - ROGER ALLAM (Sir Robin Janvrin) - TIM McMULLAN (Stephen Lamport)


· STEPHEN FREARS (Director)
· PETER MORGAN (Guionista)
· CHRISTINE LANGAN - TRACEY SEAWARD - ANDIE HARRIES - FRANCOIS IVERNEL (Productores)
· CAMERON McCRACKEN - SCOTT RUDIN (Productor ejecutivo)
· AFFONSO BEATO (Director de fotografía)
· ALEXANDRE DESPLAT (Compositor)
· LUCIA ZUCCHETTI (Montador)
· ALAN McDONALD (Diseño de producción)
· CONSOLATA BOYLE (Diseñadora de vestuario)
Desde luego no se puede negar que Stephen Frears es un director que se apunta a cualquier estilo mientras la historia que se va a contar le interese de alguna manera. Porque incluso en este caso, en el que parece nos encontramos ante una clásica película de factura británica y que podía ser normal que fuese dirigida por él, no hay que olvidar que sus tendencias políticas se inclinan más hacia la izquierda y que es uno de los grandes detractores públicos de Tony Blair.
Y sin embargo aquí nos trae una película, tremendamente cuidada en todos sus detalles y magníficamente dirigida, protagonizada por la Reina Isabel II y el mismo Tony Blair en su momento de mayor popularidad. ¿Quiere esto decir que la versión que vemos es sesgada? En absoluto, casi todo lo contrario. Los personajes reciben un tratamiento muy respetuoso, presentando perfectamente las dos caras del comportamiento británico perfectamente.
Es más, a pesar de tratarse de personajes tan conocidos, el foco de la historia no es hacer un documental sobre los sucesos acaecidos en el año 1997. Sino que nos muestra como en un momento determinado de la historia, una persona tiene que darse cuenta que la tradición y lo que hasta entonces había sido su manera de comportarse, ha dejado de ser válido. Y que es precisamente quien hubiese debido ser su mayor detractor, el único que parece darse cuenta de lo que está ocurriendo y lo injusta que puede llegar a ser la opinión publica.
Para ello dos bazas principales. La primera, el estupendo guión de Peter Morgan (de quien aun tenemos pendiente de ver por aquí “The Last king of Scotland”). Cuidado, con un magnífico equilibrio entre los momentos de seriedad, dramáticos y el clásico humor inglés. Sabiendo dar a todos los personajes sus momentos, centrándose en ellos, y más tarde moverse con la historia pero sin olvidarse de los mismos, y sin que desaparezcan.
Además es capaz de hacer interesante un momento histórico, conocido en mayor o menor medida, sin que nos resulte trivial, tramposo u oportunista. Sino que sabe cual es el tema principal de la historia que quiere contar y no deja que el entorno de la misma la haga diluirse.
Pero evidentemente su gran baza es la maravillosa actuación de todos los actores, encabezados por una impresionante Helen Mirren. Una de las grandes damas del cine británico, vuelve a darnos una clase magistral de cómo meterse en un papel, incluso tan tremendamente conocido y fotografiado como es Isabel II. En momentos consigue hacernos olvidar totalmente que estamos frente a una actriz y no frente a la persona real.
Pero el resto de los actores están también a un gran nivel. Incluso aunque Michael Sheen (Tony Blair) y Alex Jennings (el Príncipe Carlos) no se parecen físicamente a los personajes reales, hay momentos en que realmente es difícil no creerte que lo son (impresionante una toma del Príncipe Carlos de espaldas paseando a lo lejos recién descendido de un avión, parece auténticamente real). Si alguien tiene interés en descubrir como se puede interpretar a alguien famoso sin caer en la caricatura burda, ya tiene una más que importante razón para ver la película. Totalmente en contraposición a la tremendamente fallida “GAL”, también estrenada hace poco y que es el extremo contrario a esta película.
Aparte de ofrecernos una estupenda banda sonora, prácticamente basada en un único tema, a su montaje y colocación en la película no se le puede poner ningún reparo.
Alexandre Desplat está convirtiéndose en uno de los nombres destacados en estos últimos años y aquí vuelve a darnos pruebas de ello. No sólo sabe utilizar una composición clásica a su música, sino que además nos ofrece variaciones en sus orquestaciones y sonidos, de manera que no suena a “lo mismo de siempre”.
Además sabe mantener el tono de melancolía en sus momentos, de dignidad y realeza, en otros. E incluso acompañar a las imágenes de archivo de una manera tremendamente precisa. Y por supuesto, destacar la utilización de la pieza “Libera Me” del Réquiem de Giusseppe Verdi, que fue la pieza interpretada en el funeral de la Princesa Diana, y que en la película acompaña las imágenes de dicho momento. El resultado es un perfecto apoyo a la ilusión de la historia y a la mezcla de imágenes de archivo y rodadas.
Uno de los elementos cruciales de “The Queen” es su atención milimétrica al detalle. No sorprende, dado que el tema que trata podría atraer criticas si no fuera escrupulosamente auténtico en lo que retrata, desde como se le sirve el desayuno a la reina a como se comporta con sus familiares más próximos en privado. Para ello contaron con el asesoramiento de dos de los principales conocedores del entorno real: Robert Lacey e Ingrid Seward, autores de varios libros y artículos al respecto.
Helen Mirren trabajó estrechamente con la especialista en dicción Penny Dyer para que se sintiera cómoda con los manierismos y las voces de los personajes cuando el rodaje comenzara.
Mirren también se reunió con los actores que iban a interpretar a miembros de su familia, (James Cromwell que interpreta al príncipe Felipe, Alex Jennings, el príncipe Carlos y Sylvia Syms, la Reina Madre), en su casa para que se familiarizasen con las voces de todos ellos y sus diálogos no sonaran forzados.
James Cromwell, que ya había trabajado con Frears en el drama para la televisión americana Fail safe, bromeó al saber que era el elegido para interpretar al príncipe Felipe: " Creo que necesitaba alguien a quien la prensa británica pudiera criticar, ¿Un americano haciendo de príncipe Felipe?” Según comenta el propio Cromwell, lo que convenció a Frears fue que, de hecho, conoció a la reina y al príncipe al actuar para ellos una vez en Whitehall durante un evento que el príncipe patrocina para la fundación World Wildlife Fund.
Stephen Frears decidió rodar las escenas de la familia real en 35 mm y las de los Blair en Super 16. De esta manera, con 35 mm es más compuesto, más estático y más grandilocuente, mientras que el Super 16, cámara al hombro, tiene más energía y textura. De esa manera se consiguió un gran contraste entre estos dos mundos, uno tranquilo, estático y otro moderno y frenético.
Frears utilizó numerosas imágenes de archivo en “The Queen”. Adam Curtis le ayudó en esta tarea. Se trata de un conocido director, famoso por sus fascinantes y provocativos documentales.
La película ganó la Copa Volpi a la mejor actriz, el Premio al Mejor Guión y el Fipresci en la Mostra de Venecia 2006
Autor: Fernando Fernandez