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Sinopsis
El detective japonés Keiko Kirishima descubre dos misteriosos suicidios. El nexo de unión entre ambas muertes radica en los móviles de las víctimas. Al parecer antes de morir los dos marcaron el mismo número en sus teléfonos: el cero. La esposa de una de las dos víctimas asegura que mientras dormía con su marido tuvo la sensación de que alguien les atacaba.
Parece que hay indicios más que suficientes para pensar que estas muertes no han sido suicidios, sino asesinatos. El detective Kirishima comienza la investigación y se pone en contacto con un hombre que se hace llamar “El Detective de las pesadillas” (Nightmare Detective) que afirma tener la capacidad de entrar en los sueños de la gente.
Reparto
DIRECTOR: Shinya Tsukamoto
INTERPRETES: Ryuhei Matsuda - Hitomi - Masanobu Ando - Ren Osugi - Yoshio Harada - Shinya Tsukamoto


Comentario de la película
Sabiendo que Shinya Tsukamoto, el responsable de “Tetsuo”, se encontraba detrás de la dirección de esta película, tenía todas las papeletas en ser la película rara de la Muestra. Bueno, una vez vista, no le hacen falta las papeletas en absoluto: ha sido la película más rara de toda la muestra.
Desde hace varios años, el cine fantástico y de terror asiático, se ha convertido en el referente del género. Principalmente por su originalidad, su ritmo diferente, sus historias no convencionales. Pero en los últimos años se está apreciando un evidente agotamiento de esa vena. Especialmente por una especie de esfuerzo de “rizar el rizo” en las historias que nos cuentan.
En este caso, la historia de un asesino en serie (interpretado por el propio director) que es capaz de colarse en los sueños de otras personas y hacerlas suicidarse, por lo que la policía decide utilizar a otra persona con similares poderes ayudarles a capturarlo, casi podría decirse que es una variante de lo que ya habíamos visto en “Pesadilla en Elm Street”. El problema aquí es que la película parece convertirse en tres películas diferentes: una convencional y directa, una soporífera y otra, directamente surrealista.
La primera parte es la más convencional. Policía novata, caso de asesino en serie, los compañeros no se fían del todo de ella, etc, etc. Nada que no hayamos visto antes. El problema aparece cuando el personaje del “Nightmare Detective” aparece. Un personaje tan absolutamente depresivo y hastiado del mundo y de las personas que lo habitan, que hace difícil cualquier identificación con él. Y hablo de problemas porque, aunque asistimos a dos de los “asesinatos” toda esta parte central de la película se detiene absolutamente, mientras los personajes utilizan cualquier excusa para enzarzarse en disquisiciones en las que se preguntan y dudan porque son como son y las razones de ser así.
De repente y cuando no nos lo esperábamos, cuando a lo mejor deberíamos estar empezando a preguntarnos como va a ser posible localizar al asesino en el mundo real, los personajes se dedican a cuestionarse a ellos mismos sin cesar. El problema es que cuando volvemos a la acción han ocurrido dos cosas: primero que no la hay, porque la policía no hace absolutamente nada, simplemente llaman al numero de teléfono, y segundo que estamos prácticamente fuera de la película (si no nos hemos dormido).
Es entonces cuando llegamos al tercio final de la película. La resolución termina siendo tan absolutamente surrealista que en ocasiones no se sabe por donde cogerla. El enfrentamiento de “Nightmare Detective” con la forma que elije el asesino en los sueños de sus victimas es frenada por este, y a pesar de que adivinamos una especie de ser o tentáculo que parece avanzar hacia ellos nunca se llega a ver de manera clara.
Cuando de repente se manifiesta físicamente el asesino y se reconocen entre ellos como personas con los mismos poderes, lo que podría haber dado lugar a un curioso toma y daca entre ellos se convierte en una nueva discusión filosófica sobre lo malo que es el mundo y las personas que lo habitan. Y ya no entramos en la manera en que ellos entran dentro de la cabeza del otro pero dentro del sueño…
No hay mucho más que contar. La película técnicamente muestra muchas características que ya conocíamos de su director (aparte de que menos la música, tiene mano en todo lo demás). Ambientes muy oscuros y tenebrosos, personajes depresivos y excesivamente filosóficos, fotografía cámara en mano llena de movimiento (excesivo tal vez). Probablemente los seguidores del director podrán disfrutar de ella. Por otro lado quien no lo conozca puede sufrir una decepción (si no un ataque de sueño o de jaqueca). Personalmente me ha supuesto una decepción por lo irregular de su guión y de historia, tanto ruido y retorcimiento para contar lo que cuenta no era necesario.
Y estamos hablando de la que tal vez sea su película más convencional.
MUSICA (Chu Ishikawa / Tadashi Ishikawa)
Como es habitual en el director sigue trabajando con su equipo de toda la vida. En este caso, el apartado musical es uno de los pocos en los que no suele intervenir de manera directa (es director, productor, actor, montador, fotógrafo, guionista y diseñador de producción). Pero en el resto de los trabajos suele siempre colaborar con las mismas personas.
En este caso, Chu Isikawa ha sido el responsable de la música desde los tiempos de “Tetsuo”, y en esta ocasión cuenta con la colaboración de Tadashi Ishikawa (es de suponer que sea un familiar). Sabiendo que Chu Isikawa es básicamente uno de los más conocidos percusionistas modernos de Asia, aparte de ser un experimentador consumado, nos podemos hacer una idea de por donde van los tiros en este caso.
La música no parece salirse en ningún momento de la línea electrónica. Ya sea a través de pasajes ambientales y atmosféricos, o a furiosas acumulaciones de ritmos y sonidos para las escenas de acción, la música no es uno de los elementos destacados. No cuenta con ningún momento u ocasión llamémosla memorable. Toda está en función de lo que sea necesario para la imagen de la película, y no hay una excesiva cantidad de ella. Además las escenas de las pesadillas y ataques, cuentan con multitud de efectos de sonido que ahogan (cuando no se mezclan o confunden) la música que podía haber en ellos.